Iván Monreal

Con más de 25 años de experiencia en la alta restauración europea, el sumiller grancanario asume el nombramiento de Embajador de Canary Wine 2026. Conversamos con él sobre la singularidad de los vinos volcánicos de Canarias, el futuro de la sumillería y la necesidad de explicar mejor el extraordinario patrimonio vitivinícola de las islas.

Hay trayectorias que se cuentan a través de premios y otras que se explican mediante viajes, idiomas y restaurantes. La de Iván Monreal Herrera reúne ambas.

Nacido en Gran Canaria, Monreal ha construido durante más de 25 años una carrera marcada por la inquietud, la constancia y una notable proyección internacional. El dominio de cinco idiomas le ha permitido desenvolverse en algunos de los escenarios más exigentes del mundo del vino y liderar bodegas de destacados restaurantes con estrellas Michelin en distintos países europeos.

Su palmarés incluye el título de Campeón de Sumilleres de Canarias, el subcampeonato nacional y el segundo puesto en el prestigioso Ruinart Sommelier Challenge. También ha figurado entre los profesionales más reconocidos del país en la lista Top 100 Sommeliers de España.

Ahora, Iván Monreal asume un nuevo desafío como Embajador de Canary Wine 2026, tomando el relevo de figuras de prestigio internacional en la difusión de los vinos elaborados en las islas.

En esta conversación habla del orgullo y la responsabilidad que conlleva representar los vinos de su tierra, pero también de la enorme diversidad que esconden Canarias y de un reto que considera fundamental: conseguir que sus vinos no solo sean conocidos, sino verdaderamente comprendidos.

Tras más de dos décadas de trayectoria en la alta restauración y numerosos reconocimientos en el sector, ¿cómo recibes este nombramiento como Embajador de Canary Wine?

Lo recibo con una enorme gratitud y, sobre todo, con mucha emoción. Después de tantos años dedicados a la sumillería, recibir este reconocimiento ya sería algo muy especial, pero hacerlo como canario y en torno a los vinos de nuestra tierra tiene para mí un significado todavía mayor.

He tenido la oportunidad de trabajar con vinos de muchísimas regiones y conocer grandes zonas vitivinícolas, pero cuando tienes la posibilidad de representar algo que forma parte de tus raíces, la responsabilidad y el orgullo se multiplican.

Para mí, Canary Wine no es solamente una marca o una denominación. Es territorio, historia, paisaje, esfuerzo y una manera muy particular de entender el vino. Poder contribuir a que todo eso se conozca y se valore dentro y fuera de nuestras islas es un auténtico privilegio.

Y después de tantos años compitiendo, estudiando y dando vueltas alrededor de una copa, que un día te digan que ahora tienes que ser embajador de los vinos de tu tierra… pues qué quieren que les diga, ¡una tremenda emoción!

Lo afronto con mucha humildad y con la ilusión de seguir aprendiendo. Porque, al final, sigo siendo lo que he sido siempre: un eterno aprendiz del vino.

Has trabajado con cartas de vinos reconocidas a nivel nacional por su rigor y concepto. ¿Qué lugar ocupa el vino de Canarias en tus propuestas?

El vino de Canarias siempre ha tenido un lugar muy importante para mí. Y cada vez más.

Cuando elaboro una carta o diseño una propuesta de vinos, busco que tenga identidad, que cuente una historia y que aporte algo al cliente. Y, en ese sentido, los vinos canarios tienen muchísimo que decir.

Tenemos variedades únicas, paisajes vitícolas extraordinarios, diferentes islas con perfiles muy distintos y una tradición que ha sabido sobrevivir a unas condiciones que no son precisamente fáciles para cultivar una viña.

Para mí no se trata de incluir vinos canarios simplemente por ser canarios. Se trata de incluirlos porque son grandes vinos y porque aportan algo que difícilmente puede encontrarse en otro lugar.

Ese es el camino que debemos seguir: que el vino de Canarias esté en las cartas porque el profesional y el consumidor lo consideran una elección de calidad, no únicamente una elección local.

¿Qué singularidades de los Canary Wine son las que más conquistan o sorprenden al cliente cuando le recomiendas un maridaje?

Lo primero que suele sorprender es que dentro de Canarias no existe un único perfil de vino. Tenemos una diversidad enorme.

La influencia atlántica, los suelos volcánicos, las diferentes altitudes, los microclimas y nuestras variedades tradicionales hacen que podamos encontrar vinos con personalidades muy diferentes entre islas e incluso dentro de una misma isla.

Y eso, en un maridaje, es una auténtica ventaja.

Un buen vino canario puede funcionar con productos y elaboraciones muy diferentes, desde nuestra gastronomía tradicional hasta propuestas mucho más contemporáneas. Cuando el cliente descubre que un vino de Canarias puede tener una enorme capacidad de envejecimiento, una acidez extraordinaria o una complejidad comparable a grandes vinos internacionales, normalmente aparece ese momento de sorpresa.

Creo que ahí está una de nuestras grandes fortalezas: no necesitamos disfrazar nuestros vinos para hacerlos interesantes. Tenemos una identidad propia muy potente. Solo tenemos que aprender a contarla bien.

Iván Monreal. Embajador Canary Wine

Acabas de impartir formaciones especializadas sobre la elaboración y el diseño de cartas de vinos en el Curso de Sumiller del Campus del Vino de Canarias. ¿En qué momento se encuentra la sumillería en Canarias?

Creo que estamos en un momento muy interesante.

Hay talento, inquietud y cada vez más profesionales que entienden que la sumillería va mucho más allá de saber identificar aromas o memorizar regiones y variedades.

La sumillería actual tiene que estar vinculada al servicio, a la experiencia del cliente, a la gestión de una carta, a la rentabilidad del establecimiento y a la capacidad de comunicar el vino de una manera comprensible y atractiva.

En Canarias tenemos además una oportunidad enorme porque somos un destino turístico internacional. Tenemos millones de personas que visitan las islas y que pueden convertirse en auténticos embajadores de nuestros vinos cuando regresen a sus países.

Pero para conseguirlo necesitamos seguir formando profesionales y dignificando la profesión. La formación no termina cuando uno consigue un título; precisamente ahí empieza el verdadero aprendizaje.

Como nuevo embajador, ¿cuál será tu principal objetivo para promocionar la marca Canary Wine durante este año?

Mi principal objetivo es conseguir que Canary Wine se conozca, pero sobre todo que se comprenda.

Me gustaría acercar nuestros vinos tanto al profesional como al consumidor final y explicar por qué Canarias es una región vitivinícola tan extraordinaria.

Quiero poner el foco especialmente en la formación y en la divulgación: restaurantes, hoteles, escuelas de hostelería, profesionales del vino y también quienes simplemente disfrutan de una buena copa.

Tenemos una historia magnífica que contar y unos vinos con argumentos de sobra para defenderse en cualquier mesa del mundo.

Mi papel como embajador debe ser precisamente ese: ser un puente entre el productor, el profesional y el consumidor. No se trata de decirle a nadie que tiene que beber vino canario; se trata de conseguir que, cuando tenga una copa delante, quiera saber más sobre ella.

Para terminar, ¿qué mensaje le darías al consumidor local que todavía duda al pedir un vino de nuestra tierra en un restaurante?

Le diría algo muy sencillo: que se dé una oportunidad.

Muchas veces conocemos mejor los vinos de otras partes del mundo que los que tenemos a pocos kilómetros de casa. Y eso es algo que tenemos que cambiar.

Pedir un vino canario no debería ser un acto de patriotismo ni una obligación por vivir en las islas. Debería ser simplemente una decisión basada en la calidad y en el placer de descubrir algo que tiene una identidad única.

Tenemos vinos capaces de sorprender a los paladares más exigentes y una diversidad enorme para encontrar una botella que encaje con cada persona, cada plato y cada momento.

Así que mi consejo sería: la próxima vez que estén en un restaurante, miren la carta y denle una oportunidad a un vino de Canarias.

Puede que descubran algo nuevo. Y si además lo acompañan de buena compañía y de un buen plato, como decimos en Canarias, «eso ya es un puntazo».

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